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El Verdadero Poder de la Fe: Vivir sin Límites en el Reino de lo Sobrenatural

6 sept
6 min de lectura

Por Jayson Omar Matos Rivera Presidente de Jay Digital Production y Guía Espiritual de la Comunidad Cristiana Defensora de la Verdad



Introducción: Más Allá de las Cuatro Paredes de un Templo


Ser cristiano no se determina por el simple hecho de visitar un edificio de cuatro paredes o llevar una etiqueta religiosa. La historia y el presente están llenos de miles de personas que afirman ser creyentes, pero cuya primera reacción ante la prueba es convertirse en piedra de tropiezo para aquellos que sí tienen la fe firme en su Creador. Nos encontramos con una generación de "retractores" dentro y fuera de las congregaciones que se pasan los días cuestionando a los valientes, señalándolos y diciendo: "Mira a este loco pensando que las cosas caen del cielo" o criticando a gritos que la economía está mal y que hay que ser "realistas".


Pero la Palabra de Dios es tajante y no negociable: sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6). Este texto va mucho más allá de una simple aceptación mental de la existencia divina. Creer en Dios no es solo admitir que Él es real; es abrazar Su poder absoluto y las bendiciones sobrenaturales que Él está dispuesto a desplegar a favor de los suyos. La verdadera fe no se encierra en la lógica humana; la verdadera fe desaprueba y rompe la dictadura de la realidad terrenal.



1. El Dios de lo Imposible: Memoria Histórica del Poder Divino



¿Cómo podemos dudar de un Dios cuyo currículum histórico desafía toda ley humana? ¿Cómo olvidar lo que hizo con el pueblo de Israel en el desierto?


  • La guía sobrenatural: Dios guio a su pueblo por un desierto implacable con una columna de nube durante el día para protegerlos de los ardientes rayos del sol, y con una columna de fuego durante la noche para alumbrarles el camino y calentar el ambiente, transformando la frialdad nocturna en un refugio de vida.

  • El Mar Rojo en seco: Abrió el Mar Rojo, una extensión acuática masiva convertida en tierra seca para que cruzara una nación entera, demostrando que para Su propósito no existen obstáculos geográficos.

  • Milagros de provisión absoluta: Hizo brotar agua viva de una roca seca, alimentó con carne a una nación entera hasta saciarla y envió el maná, el pan del cielo, día tras día. Levantó vientres muertos y obró prodigios asombrosos de la nada.


Si el Dios que hizo esto es el mismo Dios que hoy nos llama sus hijos, ¿por qué dudar de su poder para materializar cualquier sueño, idea o provisión en nuestras vidas?


2. Desaprobando las Leyes del Hombre: El Código del Reino Celestial


El poder de la fe consiste en vivir en un mundo sobrenatural. El verdadero cristiano no vive bajo la realidad de un sistema terrenal limitado por leyes físicas, de gravedad, de identidad moral, social, o por las implacables cadenas del tiempo y el espacio. El cristiano verdaderamente maduro desaprueba la ley limitante de "ser realista" porque opera bajo otro código: el código de que por fe andamos y no por vista (2 Corintios 5:7).



Ahora bien, aclarar esto es fundamental: desaprobar la mentalidad de escasez del mundo no significa anarquismo ni rebeldía ante el orden social. Las Sagradas Escrituras son sumamente claras en cuanto al respeto y sometimiento que debemos guardar hacia las autoridades e instituciones que rigen la conducta humana en la tierra. Como nos instruye el apóstol Pablo en Romanos 13:1-2: "Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que el que se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos". Reconocemos las leyes civiles y de orden público como parte del diseño social, pero nuestra dependencia económica, nuestra paz mental y nuestros recursos no dependen de los vaivenes de este sistema, sino de las leyes dinámicas de un reino celestial.



Vivimos para Dios, trabajamos con excelencia, nos levantamos cada mañana gracias a Su aliento, y si hoy poseemos algo, es única y exclusivamente porque Él lo ha permitido. Su protección, su misericordia y Su paz nos sustentan. Como dice la Escritura: "Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas" (Romanos 11:36).


3. Las Falsas Libertades y los Ídolos Modernos


El mundo actual ofrece innumerables atractivos y "libertades" que seducen a cualquiera: vicios, pasiones desordenadas, la fornicación con el propio cuerpo, agendas de identidad distorsionadas y diversiones pasajeras. Pero esas supuestas libertades no son reales; son armaduras de esclavitud que con el tiempo atan el alma y alejan al ser humano de la fe.

Otro gran distractor es la trampa de un sistema laboral absorbente que roba el tiempo para buscar de Dios. Trágicamente, la humanidad ha dejado de tener fe en el Creador para depositarla en sus propias fuerzas, en sus amigos, en sus puestos de trabajo, en sus bienes materiales y, peor aún, en el dinero y la economía.



Poner la fe en cada una de estas cosas es convertir todo esto en un ídolo. Y ya sabemos lo que Dios piensa de la idolatría. La verdadera riqueza jamás provendrá de la cantidad de dígitos que refleje una cuenta bancaria o de deseos pasajeros; proviene de reconocer que Dios es la fuente soberana de todo: salud, bienestar, poder, paz, amor y riquezas incalculables procedentes de los tesoros celestiales.


Conclusión: El Despertar del Auténtico Creyente


Para aquellos que viven con el pensamiento mediocre de que "las cosas están malas" y que "la economía va de mal en peor", es hora de un cambio radical de mentalidad. El dinero sí puede venir de los cielos y de formas extraordinarias, porque los recursos del universo le pertenecen a nuestro Padre. Dejemos de vivir atados a la escasez del mundo. El poder de la fe no radica simplemente en autodenominarnos cristianos, sino en comprender que Dios es infinitamente misericordioso con nosotros por el simple hecho de ser quien es: el Ser más poderoso que se compadece de Su creación. Cuando dejamos de depender de los sistemas corruptos de este mundo y dependemos exclusivamente de Él, abrimos la puerta a una vida donde para el que cree, todo es posible (Marcos 9:23).



Si te llamas cristiano, es contradictorio vivir con una mentalidad de escasez o miseria. Pon tu fe únicamente en las cosas que provienen de Dios. Aprende a ver las cosas que no son como si fuesen. El escritor de este artículo no es un multimillonario famoso según los estándares de la tierra, pero vive con la seguridad de uno; quizás no tenga las arcas terrenales repletas de la manera en que el mundo presume, pero sabe que en el banco del cielo su cuenta está desbordada. No es el dueño del mundo, pero su Padre sí lo es —pues Él creó el universo y todo lo que en él habita—. No es una estrella fugaz, pero su luz proviene del ser más maravilloso del universo: el Dios que ilumina toda la creación. No ostenta un trono terrenal, pero vive como un príncipe; y aunque las circunstancias mundanas parezcan colapsar, para él todo está en perfecta paz porque sabe en quién ha puesto su confianza.

Así debe vivir un auténtico y verdadero cristiano. ¿Por qué crees que se les llama creyentes? Porque creen absoluta e inquebrantablemente en el Soberano.



Ser cristiano genuino no depende de cuántas veces participas en la liturgia de un templo, ni del cargo jerárquico que ostentes en una congregación, ni de ser pastor, ministro o un asistente habitual a los servicios. Ser cristiano depende exclusivamente de tres pilares inquebrantables:


  1. Tu relación íntima y constante con Dios.

  2. Tu amor genuino hacia Su creación.

  3. El nivel profundo de cuánto crees en el Dios que lo creó todo.



¿Quieres verdaderamente ser bendecido y caminar como un auténtico creyente? Anclate a estos tres principios y verás cómo se abren de par en par los tesoros inagotables del cielo.

Mi consenso como una persona que vive bajo los altos estándares del Reino de los Cielos y como portador del mismo es claro: camina por la fe y no por vista. La vista física se confunde y se aterroriza ante las crisis temporales, pero la fe divina jamás falla.

Aprende a depender de Dios de la manera en que un hijo depende enteramente de su padre. Como bien enseña la perspectiva espiritual de la dependencia divina, cuando las Escrituras hablan de nuestra condición de siervos o hijos ante el Trono, no lo hacen para disminuirnos en un sentido negativo, sino para recordarnos una verdad liberadora: estamos llamados a depender absolutamente de un Padre amoroso que reconoce la vulnerabilidad y las limitaciones de sus hijos. Por más grande, maduro o experimentado que un hijo llegue a ser en la vida, jamás podrá compararse en sabiduría, poder y provisión con su Padre celestial. Toda nuestra existencia debe estar sometida a Su autoridad amorosa; eso es exactamente lo que haría un hijo sabio y leal.



¡Levántate, cree sin dudar y camina hoy mismo bajo el poder sobrenatural del Reino de Dios!

 
 
 

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